sábado, 24 de junio de 2017

HORQUILLAS EN LA VENTANA

Aquí dejo algunos poemas de este libro inspirado en el flamenco y que fue publicado en el 2014 por la editorial sevillana Los Libros de Umsaloua

                                                                                           A mi madre Mercedes y a mi abuela Isabel,
                                                                                            soñadoras de lunas y ventanas.


A MODO DE INTRODUCCIÓN


Horquillas en la ventana es un poemario de carácter intimista que nace desde la introspección y nace fundamentalmente como un acto de amor.

Un libro inspirado en ese hondo palpitar que es el flamenco y que pretende a su vez ser un pequeño homenaje a la tierra donde he nacido y me he criado, que es Jerez y que se extiende, como no podía ser menos, a las restantes provincias que conforman Andalucía.

Se trata de una serie de pequeños poemas, que al modo de la pintura impresionista, recoge pequeñas pinceladas, retazos de emociones vividas a través de esa genuina manifestación artística que es el flamenco y todo los que éste engloba en su vertiente más profunda.

Un libro que se ha ido gestando verso a verso, no como lo pudiera hacer una entendida o especialista en el flamenco, que no lo soy, sino desde el sobrecogimiento que este arte me produce.
Sentir la cicatriz de una herida en un quejido, el desgarro de una siguiriya o el fulgor del martinete, tenebrosa región- como diría Caballero Bonald- premonitoria del vacío...es lo que ha provocado que no mis noches, sino mis versos se vistan de corinto, en alusión a Luis de la Pica, en este libro que de cierta manera se aleja de mis anteriores libros, no tanto en su forma, aunque sí en el tema, acaso más localista pero que al igual pretende, como así mismo es el flamenco, la trascendencia.

No sé si este libro hubiera sido posible de yo no haber procedido de un barrio tan gitano, tan mestizo y emblemático como es el barrio de San Miguel.

No sé si hubiera sido posible, de no haber jugado de niña en la Plazuela, de donde era oriunda mi madre, transitado sus calles, la humilde casa de vecinos donde mi abuela me colmaba de besos en las asiduas visitas semanales, allá en la calle Acebuche, en donde un patio de vecinos me mecía con su arcaico olor a especias. Sin el recuerdo del caliche en las paredes, sin el búcaro, sin mi abuela, sin las tradicionales zambombas, sin el cante espontáneo que se fraguaba en las fiestas, el baile imprevisto de algún vecino que de pronto perpetraba en mis ojos de niña.

                                                                                                                          Isabel de Rueda



"Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda"
                                                          Rafael Alberti


CARMENES DEL SUEÑO

Hay zumbidos,
rastrojos de coplas,
pedacitos de palmas en los dulces
cármenes del sueño.
Estuve allí,
aún no había nacido, pero estuve
con el alma
envuelta en los tablaos de las fuentes,
en la sola estación de un fandango
                                                                         estuve.


ALBOREÁ


Amanecía.
Y todo el derroche en la aceituna
de sus ojos verdes.
Toda la flor amanecía
en ese olivo gallardo de sus ojos.
y me agarré a sus iris
entre las calles blancas que bordean
lo inocencia de un niño.


SEGUIRILLA

Pulsé
este soplo de lluvia con mis dedos
y calle abajo
la guitarra más adentro lloraba...
No era mío este solo empedrar silencios,
no era mío este acorde de rejas,
ni este sobrio baile de tristeza y muerte.
No era mío pero estaba
tan dentro de mí su boca,
su amarilla cárcel en aquel hondo
palpitar helechos,
                   estaba
su figura tan dentro de mí, su cuerpo,
su morena frente almacenada de pesares altos.


JONDURA

Y era un tiento
su manera fina de arbitrar la lluvia;
a lo Morente,
chaconeando espacios, lugares para el duelo.

Las paredes
del tabanco temblaban como alas.
Inquietudes blancas
con lágrimas mi corazón batía.


JEREZ

En Jerez,
un paisaje de peines, de vinagre y ollas
en los andares antiguos de las madres.
Un paisaje de ramas en las caderas
oblicuas de las novias cuando bailan,
en Jerez
un collar de macetas y un cante.


LA FRAGUA

En lo más alto
de la fragua y sus dones; los espejos
de todo lo pasado en un quejido
                   o un martinete.



MESTIZAJE

Y había un zoco de zambra allí en sus ojos.

Un abismo mestizo y los canales
de la bella Venecia dormitaban
en sus senos ardientes como un vino
recogido en su bota.


                            A Juana la del Pipa

LINAJE

La heredad de sus brazos,
la penumbra desnuda y aquel linaje
de llanto en las raíces pernoctaban
con fervor en su boca.

Más que un rito,
un crujido de venas, aquella hembra
agarrada a la tierra de sus muertos.
Un crujido de sombra
abismal y terrosa en esa rosa
azul de la memoria.


GUITARRA

Los cortijos,
la noche y sus fogatas
en ese acorde acústico del hambre
cuando vierte
sus dedos entre las cuerdas
y un punteo
de luz entra en la choza
olvidada del patio
y me enternece
con sus ubres de cal y de naranjo.

Dibujo Chencho Zocar





















SOMBRAS

Hierbabuena
y limones de Málaga escondidos
en un tablao,
en un punteo sesgado de guitarra,
en un rasgueo de cárceles y luna...
                        Hierbabuena
y limones de Málaga en mi pecho
anillado de sombras.

                       
                      A Dolores Agujeta

OJOS

En la plazuela oscura de tus ojos,
he visto
la insondable estrella que te habita,
la emoción de los astros
en un espasmo trágico de lluvia.
                      He visto
la silueta confusa de cien niñas,
el clandestino miedo.

En la plazuela oscura de tus ojos
he visto
el sopor de la fragua,
                       el martinete.


                              A Luis Zarzana

SOLEÁ

Arrabales de luna
en las tinajas rotas de sus ojos,
en los lebrillos
de sus horas terribles,
                      donde el arco
de sus cejas negras,
el viento,
la cal y la manzana de su boca,
donde el agua
de las turbias fuentes, habitan
en la techumbre de su sola
                      soledad de arena.

                                 


                                               Juan Breva tenía 
                                               cuerpo de gigante 
                                                y voz de niña.
                                                          (F.G. Lorca)  


DE IDA Y VUELTA

Cuánta mezcla de mango y de aceituna
en un quejido lejano de macetas.

Cuánta mezcla de manos,
de suaves zapateos, percusiones
de jambre por los anchos
pucheros de ese lento
aflamencar orillas.

Cuánta mezcla de nube y azotea
en esa ardua lucha
de llorar los miedos.

Cuánta mezcla vertida en los enseres
marginales del alma.


                   Es cierto que en el Sur tuve dulzuras
                                                       (Concha Lagos)


DEL TIEMPO

Me busco en la cañada de una foto
en el cerro olvidado de un mapa
que habita en la memoria de los signos.
Transito,
diviso sus perfiles,
veo a la niña,
                siento
el musgo en los recodos
ligeros de una calle
                   ya sombría.
Veo a la abuela,
el patio de vecinos, esa reja
             y me detengo
detrás de la muralla,
entre las frescas parras de aquel atrio.

El tiempo entonces ya no es tiempo...

Son jazmines las horas,
son campanas trocadas, acebuches
adoquines dormidos en el radio
celeste de algún hule.
             Delantales
de búcaros y lunas.

El tiempo
ya no es tiempo donde abrazo
tu nombre en un maullido
tristísimo de ausencia.
 
 
 
Dibujo, Chencho Zocar

                                                           

                                                                A MI ABUELO
 
 
 
Una telera de pan; hacer un ajo,
un tomate,
un pimiento,
la sal en un lebrillo y a majar
para cubrir el frío de las duelas...
para intuir la alquimia en los toneles
de sus ojos brillantes, ¡ah, mi abuelo!
tonelero de oficio y alma de lince,
cantaor de tangos y de relinchos.
 
 
 
Los libros de Umsaloua
 
 

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