Si miro hacia atrás en el tiempo, con el deseo un tanto reflexivo de saber el porqué de esta inclinación mía hacia la poesía, tendría que transportarme a aquellos primeros flirteos con un mundo que sospechaba etéreo e intangible, pero que a la vez sentía palpable y visible en cuanto al cúmulo de sentimientos que a veces un poema era capaz de despertar en mí.
El misterio como primera fuerza o motor. Un misterio que reside sobre todo en la música, en el ritmo interno de un poema. Dejarte arrastrar por unos versos y luego intentar comprender el impulso, la razón o la magia que hizo posible que ciertas palabras y no otras formaran parte imprescindible de ese pequeño universo que es el poema.
Luego, está el enigma absoluto del hombre, el enigma de mi propia existencia y el poema que florece de ese fondo de huesos, músculos, sangre...que conforma la materia humana y que trasciende el tiempo y el espacio de aquella emoción inicial que le dio vida.
![]() |
| Leonor Fini |
De todos modos, encontrar cuáles fueron las causas o esas primeras motivaciones que me impulsaron a comprar ese mi primer libro de poemas, no es algo que realmente hoy me preocupe. Quizás, el deleite que conlleva encontrar otro sentido, otra voz a ciertas palabras que se me antojan vanas en el quehacer cotidiano y que, en el entramado de un poema, no sólo recuperan su valor inicial, sino que ascienden a otras dimensiones antes por mí insospechadas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario