Si realmente, como muchos piensan, existiese un dios. Un Ente superior y omnipotente, pienso que éste no podría ser otro, sino un dios Solar.
Eso es también lo que debieron pensar todas las culturas en su más remoto origen, llámese a este dios Hindra, Helio, Ra, Apolo, Jesucristo...
Un dios de luz, portador de la antorcha, sabedor y alumbrador del enigma del que somos presos y que hoy nos reúne en este mágico ritual de manos.
Da igual si este dios Solar fuera conducido por una barca como pensaban los antiguos egipcios o por un carro de oro, como decían los griegos, tirados por unos bellísimos toros de fuego, porque todo es Uno.
Sin embargo hoy, más que nunca, quiero hacer alusión a ese dios antropomorfo de la cultura griega, ese dios del Olimpo llamado Apolo, creador de la lira y la poesía, vencedor de tinieblas, como todos los dioses solares, dador de luz, capaz de generar jardines, crear oráculos en el interior de nosotros mismos, con el mismo poder para matar a la serpiente Pitón que para abrir balcones, puertas entre la bruma de nuestro propio ser.
Brindar y festejar al Sol ante todo en la cosecha de una amplia sonrisa. Brindar y festejar el Sol en la poesía que encierra el universo, en la música del cosmos, donde no existe espacio, donde no existe tiempo. Brindar y festejar el Sol juntando manos, tocando amigos...creyendo siempre en la utopía de saltar el fuego a través de las manos que se enlazan, y por qué no, brindar y festejar el Sol a través de esta ofrenda lírica, de este hermoso río de purificación que es también la Poesía
Isabel de Rueda
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| PANDORA G.ROSSETTI |

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