martes, 6 de junio de 2017

TU SILENCIO EN VOCES



No me llenes de vacío
que la nada no la quiero,
si acaso calla
y lléname de silencio.


HOY SÉ

Hoy sé
que nada vale tanto
como este andar despacio en la vereda.
No importa si una nube
te está mirando o te codicia,
pues el sol
nunca abandona a sus dorados rayos,
ni su carro de luz
se aleja nunca para siempre.


IMAGINAD


Imaginad que un llanto se disuelve,
un llanto antiguo, viejo como el hombre...
que un camino es sólo un equipaje y las pisadas
la ropa que nos cubre.
Imaginad un bosque,
una brisa, un río en nuestra sangre.
Qué paz ¡Dios mío! al recordar
que el sol existe:
que somos una brizna de algo
que puede ser hermoso.
Acaso una gaviota sin más ansias
que llevar sus alas al mar,
su cuerpo al viento.
Qué paz imaginar que somos
un poco dueño de nosotros,
de los sueños, dueños
¡Imaginad!


SE NEGÓ A SER PIEDRA

Se negó a ser piedra y se erizaba
súbita de sangre.
Crece el frío tras la puerta. Dentro
del hotel, serena está la luna.
Amor por ti mi corazón se agota.
Mi alma se despuebla y cruza ríos,
trepa en los tejados, besa el bosque,
sabe cultivar las rosas...
Se negó a ser piedra
y caminaba dentro de su hotel sagrado.
Su corazón oía,
y su silencio eran piernas entornadas,
y era un seto
en otras piernas más viriles, más hermosas.

EL TIEMPO

Y es la tierra fuego y yo me quemo.
Me quemo lenta. Entre sus brasas se esparcen
también lentas mis cenizas.
                           No importa
que traiga alegres notas la mañana,
ni que mi boca, perfil de un sueño ría...
yo soy bosque y me quemo.
Agoto mis reservas. Veo
alzar al viento el vuelo,
pájaros que emigran de mis ramas
ya quemadas, ya cansadas...
Pero nada es triste y todo es triste.
El sol está conmigo y yo río.
Entre poblados de caña y adobe me cobijo
del tiempo y sus destrozos.
Más amo a mi pesar las llamas,
el fuego, las brasas, las cenizas.
La vida que alienta, que devora;
reptil sangriento en la carrera
de tantas idas y venidas.

DESDE EL SILENCIO

Desde el silencio
he bajado a la raíz escondida del árbol
y he subido
trepando como un niño por la altura
verde de sus ramas.
He llorado
con el llanto seco del desierto,
he muerto en el invierno de la ausencia
y he nacido, nuevamente con la tarde
tentadora, joven, precisa.
Desde el silencio amo,
sueño, recreo, invento,
discrepo con el mundo y siento
los colores y mi reino.




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